lunes, 24 de abril de 2017

Diario de infancia (1914-1918) (Anaïs Nin)

Título original: Journal d'enfance
Traductora: Nuria Lago Jaraiz
Páginas: 252
Publicación: 1978 (1987)
Editorial: Plaza & Janes
Sinopsis: Anaïs Nin es una de las figuras literarias femeninas más sugestivas de nuestro siglo. Sus célebres Diarios son la continuación de este Diario de infancia. En el prólogo de este libro, el hermano de la autora, el compositor Joaquin Nin-Culmell, dice: "Por vez primera, gracias a la publicación del Diario de infancia de Anaïs, vemos el comienzo de una vocación de escritora que ha enriquecido tanto el arte de Diario, la literatura femenina y, en suma, la literatura en su conjunto." Este Diario, doloroso y encantador a la vez, es fruto de una separación de un padre admirado y querido, así como de la emigración a los Estados Unidos en vísperas de la guerra de 1914 a 1918. Anaïs tenía once años cuando comenzó a escribir estas páginas. Acompañarla en sus primeros pasos literarios significa descubrirla en su autenticidad, su encanto, su sinceridad, sus ilusiones, el conocimiento de ella misma...
Locuras, locuras, ¿estaré loca…? Sí, lo reconozco, estoy loca, así que voy a guardarme esas locuras en la cabeza y escribir sólo para el Diario, que no se burla de mis locuras.
Son bien conocidos los diarios de Nin que van desde 1931 hasta 1974, pero bastante menos Diario de infancia (1914-1918) y Diario de adolescencia (1919-1920). Cuando me hice con ellos tuve la sensación de que iba perfeccionando un puzle, que estaba consiguiendo las piezas necesarias que me permitirían tener una imagen completa de Anaïs. 

Mi fascinación por Anaïs Nin viene de hace tiempo. Que luego atravesara mi vida de forma cruel era algo que no podía prever. Siempre he necesitado entender a Anaïs Nin, comprender lo que nos unía de forma profunda y bestial, pero también lo que me distanciaba de forma radical de ella. Ahora, además, necesito perdonarla. 
Lo reconozco, más bien me veo para castigar, para vengar, para abrir los ojos y el corazón a los mortales con una bayoneta. ¿Cuál será mi bayoneta? ¡La pluma, qué tonta!
Hay varias razones por las que necesitaba bucear en este diario. Anaïs remodeló y rehízo sus diarios por distintas razones (privacidad de las personas que aparecían en él, fabular más su propia vida…) pero este Diario de infancia es el primero que se publicó tal cual fue escrito. Necesitaba encontrarme con la Anaïs genuina, no una Anaïs construida, inventada, creada y recreada por ella misma, por su genialidad única, su egoísmo, sus neurosis y mentiras. Una Anaïs Nin sin filtros.

Hay que decir que en sí mismo el diario no tiene ningún valor, ni literario ni casi narrativo. Es inmaduro, repetitivo, muy imbuido de ínfulas religiosas y patrióticas. El valor se lo da que sea el diario de Anaïs Nin. Entonces es cuando crece delante de tus ojos. Los diarios fueron para ella un cuarto propio, ese dedo gordo del pie que mantienes en tierra, en la realidad, para evitar separarte totalmente de ella y que la vida sea pura fantasía. Los diarios fueron su ancla y a la vez sus alas. Es cierto que ese contacto que Anaïs mantenía con la realidad era mínimo y que apenas conectaba con ella, que la fantasía la devoró hasta el punto de que sus verdades y sus mentiras se hicieron una misma cosa, complicado de distinguir unas de otras. 

Anaïs fue infiel, desleal y mentirosa, y eso ensombrece tanto la veracidad de sus diarios más conocidos como su dudosa capacidad de empatía. Por eso precisamente me interesaban estos diarios, escritos en su infancia (de los 11 a los 14 años), donde Anaïs empezó a hacerse a sí misma, cuando era más inocente.
Me gusta demasiado soñar. ¿Sería que la realidad es demasiado triste para mí? Eso me temo. La ausencia de papá se transforma en deseos, sueños llenos de tristeza.
Los diarios comienzan cuando Anaïs, su madre y sus hermanos emigran a Estados Unidos, y su padre los ha abandonado. Por cierto, hace unas descripciones de su paso por Cádiz y Málaga que son absolutamente cautivadoras y divertidas. 

El abandono del padre (con quien, se dice, mantuvo relaciones incestuosas). Ahí está todo. Casi nadie escribe para sí mismo. Aunque solo lo leas tú, siempre se escribe pensando en alguien, un interlocutor, imaginario o real. Y ese alguien en el caso de Anaïs es evidente: su padre. Que su padre la abandonara es el hecho que marcó de forma obsesiva la vida de Anaïs. En términos de psicoanálisis (con el que no comulgo, dicho sea de paso), se pasó la vida buscando a su padre en otros hombres. 
Lloro porque pienso: “¿Por qué? ¿Qué le impide a papá estar a mi lado? ¿Hay allí alguien más querido que le retiene? ¿Quién? Cuántas veces me he hecho esta pregunta… Creo que puede ser, porque no soy más que una niña tonta, caprichosa, llena de ideas locas…
Es profundamente tierno ver cómo Anaïs reclama la presencia de su padre una y otra vez, cómo lo añora, cómo no admite el abandono, cómo sufre por su ausencia, cómo lo necesita, lo espera… Y brutal cuando empieza a ¿aceptar? la realidad del abandono. Y lo pongo entre interrogantes porque, cuando parece admitir la separación de sus padres, no acepta que eso conlleve el desarraigo de su padre.
Mis únicos placeres son leer y escribir […] No aspiro a nada, sólo deseo poder pensar y contemplar el paisaje y que  me dejen leer en paz, esa es la verdad.
Extraordinario comprobar cómo Anaïs va creciendo en su escritura a lo largo de las páginas. Normal en alguien que estaba dotada para ello y que, además, leía de forma feroz (con 11 años fue a la biblioteca municipal de Manhattan y empezó a leerlo TODO, desde la A hasta la Z). Esa Anaïs lectora es sumamente atractiva, más aún cuando, tan joven, ya tiene un criterio preciso de lo que le provoca cada lectura, con una capacidad para analizar aquello que lee impropia de alguien tan joven. 

Pero la capacidad de análisis de Anaïs venía de serie, no en vano una de las cosas que más me ha deslumbrado siempre de ella es precisamente esa capacidad de autoindagación que siempre tuvo. No solo observaba, buscaba y analizaba a su alrededor. Lo hacía, y mucho, sobre sí misma. Y eso es algo que ya encontramos en estos diarios. La búsqueda. Muchas veces para justificarse, pero muchas más por una curiosidad ansiosa y unos deseos de comprender y de sentir infinitos. Deseos de vivir con mayúsculas, acentos, exclamaciones... e intensidad. Ante esto siempre he caído rendida a los pies de Anaïs.
Mis deseos, mis sueños, mis ambiciones y mis opiniones son diferentes. ¿Por qué no soy como todo el mundo?
Anaïs era un ser especial, miraba a su alrededor y se sentía solitaria y diferente. Lo era. Su mente estaba a años luz de lo que la rodeaba. Y, como ya he encontrado en otros grandes autores, esa diferencia, ese sentirse extraña, distinta, es una especie de cicatriz punzante que lleva a una búsqueda constante. Buscando ¿qué? Espejos. Alter ego. Iguales. La búsqueda constante y permanente de una identidad. Y, en esa búsqueda, continuamente analizas, rastreas razones, causas, consecuencias. 
Solo me gustan las cosas tristes o divertidas.
Anaïs sufría no solo por el abandono de su padre. Por ser diferente. También, por su carácter. Trágica, pretenciosa, con tendencia al dramatismo y al histrionismo, contradictoria. Una imaginación vigorosa. Todo girando a su alrededor. El sufrimiento estaba ahí, Anaïs tuvo que inventarse a sí misma, su mundo, su identidad, para escapar de los límites, de la inercia, del sinsentido, del vacío. La escritura no bastaba y terminó por hacerse personaje. Y algo que admiro profundamente: decidió vivir su vida sin reservas y sin que el amor, o la ausencia de él, supusiera una incapacidad. ¿Lo consiguió realmente? Cuánto, pero cuánto, me gustaría poder hablar con Anaïs. Saber si, en verdad, lo logró. Si encontró respuestas. Era una cazadora. Una encantadora de serpientes que posiblemente terminó por envenenarse a sí misma.

Como esa conversación no es posible, busco en sus diarios mientras construyo y destruyo los míos. Tal vez así encuentre el antídoto.
Escribo para consolarme, para quitarme un peso de encima.

28 comentarios:

  1. No he leído nada de la autora y tampoco conozco demasiado de su vida, por lo que este libro en principio no se me hace demasiado tentador.
    Besos.

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    1. Está claro que si no conoces mucho de Nin, este libro no es para ti ;)

      Un abrazo

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  2. Leí hace mucho tiempo los Diarios en los que narra su relación con el matrimonio Miller y también leí Delta de Venus, colección de relatos eróticos. Creo que me gustaron en su momento, más los relatos eróticos que los diarios, aunque también recuerdo una cierta sensación de claustrofobia en esa relación, de analizarse y desmenuzarse continuamente a ella misma y a los demás. No creo que vuelva a Anaïs Nin.
    Abrazo.

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    1. A mí es que Nin me fascina, desde siempre. Es verdad que era muy obsesiva (entre otras cosas) y se autoanalizaba de forma constante, pero eso forma parte de las cosas que me atraen de ella. Yo seguiré con ella. Es inevitable :)

      Un abrazo

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  3. Soy muy Anais Nin, o debería decir, fui, pues hace tiempo que no leo nada suyo; hubo un tiempo en que leerla era tan catártico que la necesitaba como el que necesita asomarse a un precipicio a pesar de tener vértigo, no se si me explico: era demoledora. Pero satisfacía. No se cuando volveré a leerla, pero se que un día lo volveré a hacer, seguro.

    Una reseña estupenda.
    Un besito.

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    1. Yo la descubrí muy prontito. Y se quedó. La leí de forma desordenada, sus libros y sus diarios, y ahora lo hago de forma ordenada. Si es que la palabra "orden" encaja cuando se habla de Nin, claro... Es verdad que es catártica y demoledora, obsesiva y persuasiva. Yo seguiré con ella. No hay otra.

      Un abrazo

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  4. Pues nunca me ha atraído esta mujer pese a todo lo que representa, tampoco he leído nada suyo. No sé, no hay feeling, no me digas qué pasa pero no me llama la atención. Por otro lado, me ha picado la curiosidad la descripción que comentas de Cádiz y Málaga pero no creo que me lea todo el libro solo por eso.
    Abrazos

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    1. Si no hay feeling, no hay que forzarlo. Y ciertamente las descripciones de Cádiz y Málaga no merecen el libro entero, pero es que cuando lo leí acababa de estar por Cádiz y claro, era flipante imaginarse a Nin por allí (y a Susan Sontag, que acabo de terminar sus diarios y también habla de Cádiz).

      Un abrazo

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  5. Hola, buenas! He encontrado tu blog por casualidad y me he hecho seguidora. Yo acabo de comenzar con el mio. Estaría encantada de que le echases un vistazo, te espero en:

    http://milibroymicafe.blogspot.com.es/

    Saludos! :)

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    1. Pues bienvenida. Echaré un vistazo a tu blog.

      Un abrazo

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  6. Anaïs Nin...palabras mayores. Siempre tuve un interés en sus diarios...y por eso adquirí los primeros en una tienda de segunda mano de Urueña. Desgraciadamente, una amiga me los vio y se los llevo a su casa...(lo permití, he de admitirlo).
    El amor a su padre y la sensación de abandono están presentes...es lo poco que llegué a saber de ella antes de prestarlo. Sin embargo, aunque sé que algún día volverá a mí...no creo que le dedique demasiado tiempo.
    ¿Destruir diarios? Yo tengo los míos...y un profesor me dijo una vez...aunque sientas mucha vergüenza, no te desprendas de ellos...es parte de ti, y te harán reír, llorar, madurar...y sobre todo, reinventarte.
    Un beso grande y felices lecturas

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    1. Palabras mayores, ciertamente. Yo me hice con todos sus diarios y con este de infancia y el otro de juventud, más desconocidos. Los diarios los había leído de forma desordenada y ahora lo haré cronológicamente. A su padre lo buscó toda la vida, primero literalmente (aunque más que buscarlo, lo esperó), y luego metafóricamente, en otros hombres.

      Pues sí. Destruir lo que escribo es marca de la casa. Desde siempre. Solo ahora con el blog, y las redes, se va quedando alguna cosa (aunque obviamente mucho más críptica que en el papel). No es por vergüenza, en realidad, es... otra cosa.

      Un abrazo

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  7. Nunca he sentido mucho interés por esta mujer, para qué voy a decir otra cosa. Y además, no suelo leer diarios. No es un género que me atraiga, no sé por qué. Pero claro, luego te leo a ti que me lo cuentas así, de esta manera tan irresistible... Y si encima hay un trocito, aunque sea chiquitito, en la que sale mi tierra andaluza... Pues terminas picándome y mucho!
    Besotes!!!

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    1. A mí sí me gustan los diarios y autobiografías (incluso biografías). Hay autores que considero imprescindible conocerles, como forma de entender más su obra. De todas formas, este libro en concreto, no otros de sus diarios, no los recomendaría para quien no tenga mucho interés en Nin.

      Un abrazo

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  8. No me llama demasiado este libro, y tampoco he leído nada de la autora de momento.
    Un beso ;)

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    1. Ciertamente, si no hay cierta fascinación o interés por Nin, no es un libro que recomiende.

      Un abrazo

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  9. Hola Ana
    A veces los libros deben ser como la lana sin tratar, recién cortada, porque, por un lado, pueden ser todo lo que elijas que sea, son todo potencial, pero también son eso mismo; lana. Son todo y, si quieres, pueden ser otro todo. Así estos libros, que como dices, tienen poco valor literario, tiene el valor del reconocimiento, del descubrimiento, del desnudo inicial, que luego genera literatura fuera de los papeles, en la mente, en tu mente. Porque construir historias no solo se hace en el papel, ( o en la pantalla soy un antiguo:)) se hace en la reflexión, en le pensar en lo que te cuentan, y por dónde va, fue o debió ir la escritora y su vida. Así por ejemplo, aunque no sea el mismo arte es lo mismo (es una impresión no una descripción exacta, es lo que parece decirte a ti por encima del contenedor), estoy oyendo ahora mismo, el último disco (el final, la despedida) de Leonard CCOhen (You want it darker) y no sé inglés, no sé lo que me está contando (no lo he buscado) pero sé que me dice a pesar de todo, está en la música en la voz ronda, sin el brillo de antes, pero sé lo que me cuenta y por qué, sé a dónde sabe que va y...
    no sé si me he explicado :)
    cuídate

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    1. Hola Wineruda.

      Es que es así. Literariamente tienen poco valor. Si yo no conociera a Nin no sé si este libro me atraería como lo hace. Depende de lo curtida que estuviera como lectora. Pero la conozco desde hace mucho y diría que ya estoy bastante curtida como lectora, así que era inevitable esta lectura, y la del diario de adolescencia y releer los posteriores. Soy así también a veces, obsesiva :)

      He entendido perfectamente lo que me cuentas de la canción de Cohen. También te digo que en alguna ocasión busqué la traducción de alguna canción... y mejor me hubiera quedado con la piel que sentía cuando no entendía la letra pero me transmitía la música, la melodía, la voz... Aunque Cohen, claro, ni se cuestiona.

      Un abrazo

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  10. Me vas a reñir pero no lo he leído, no encuentro el momento de hacerlo, pero caerá. Poco a poco llegará su día, lo tengo guardado esperando
    Hasta entonces, me quedo con tu lectura
    Besos

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    1. ¡Jamás riño a nadie por no leer lo que yo leo o por leer lo que no leeré nunca! :D Nin era especial, para llegar a este diario hay que pasar antes por otras lecturas, sino no se lee igual, con interés casi antropológico ;)

      Un abrazo

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  11. Tengo apuntado un título suyo por una reseña tuya pero todavía no me he estrenado con Anaïs Nin. Estaba pensando que sus diarios de infancia sería una buena opción para empezar con ella pero, sí dices que tienen escaso valor a excepción del hecho de estar escritos por ella, tal vez sea mejor que empiece por otro y que éste lo deje para, una vez conocida, indagar más en su personalidad.
    Me gustan las escritoras que se cuentan a sí mismas (e incluso a veces se inventan, como veo que es el caso). Tengo varias esperando a las que ahora sumo a Anaïs. De momento estoy ocupada y dedicada a Marina Tsvietáieva, espero después ir cediéndoles el paso poco a poco.
    No sé si en tu búsqueda encontrarás respuestas o más preguntas. O tal vez incluso respuestas a preguntas que ni sabías que tenías.
    Un abrazo

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    1. Me has entendido bien, este libro hay que leerlo si Nin ya te ha hechizado. No será este el libro que lo haga. Pero cuando se la conoce, se conoce su compleja personalidad, entonces buscas en los principios, intentando comprender.
      Tsvietáieva, ya te dije, la tengo pendiente. Voy saldando cuentas con autores y autoras que tengo pendientes. Poco a poco.
      Encuentro de todo: respuestas, más preguntas, más búsquedas, confirmaciones... Como en la vida misma...

      Un abrazo

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  12. Yo era una adicta a los diarios. Durante mi infancia y mi adolescencia (esta última tan tormentosa) rellené decenas de libretas con mi día a día, mis sentimientos cotidianos, mis dudas rutinarias. Gasté bolis y hojas de lo lindo contando(me) las historias que marcaban mi vida en esos años.
    Puede que me adentre yo también en los diarios de Anäis, para ver qué tendremos en común y qué no la una con la otra.
    Besos, Ana.

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    1. Yo sigo siéndolo. De hecho acabo de terminar los Diarios tempranos de Susan Sontag (¡increíbles!). También escribí libretas, lo sigo haciendo. Al mismo ritmo que luego me deshago de ellas, algo que nadie entiende. Excepto yo.

      Un abrazo

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  13. Anaïs Nin sigue siendo una asignatura pendiente. Comencé a leer 'Henry y June' en un viaje, pero me dormí en el vuelo y dejé el ejemplar, que era de segunda mano, en el avión. Llevaba tan poquitas páginas que apenas si me acuerdo de lo que leí, apenas había entrado en la historia. No volví a ella. Cada vez que veo un libro suyo me aceurdo de que aún no la he leído y me vuelvo a poner los deberes. O sea, que te he leído y me he puesto deberes de nuevo. Los mismos.

    Saludos

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    1. "Henry y June" es una buena opción para aprobar esa asignatura pendiente ;) En cualquier caso ya sabes que los libros tienen sus tiempos, que es sabio dejar que decidan cuándo leerse...

      Un abrazo

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  14. Yo tuve mi época Anaïs. Me leí dos o tres diarios, creo, los relatos eróticos y para terminar Henry y June. Todo seguido. Me impresionó mucho su mundo pero con eso tuve suficiente. Hace ya años de aquello y no he vuelto a tener curiosidad.
    Por otra parte, te entiendo perfectamente: tiene una personalidad que fascina.

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    1. A mí me pasó también que cuando Nin llegó a mí me la devoré. O ella me devoró a mí, no lo tengo claro :) Sí que es fascinante, y en mi caso la fascinación es de por vida, parece...

      Un abrazo

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